Grandes Obras: Obertura de "Las Hébridas" Op.26 - Mendelssohn



Ficha Técnica:


Nombre: Obertura de "Las Hébridas" Op.26 también llamada "La Gruta de Fingal"
Autor: Félix Mendelssohn
Género: Poema sinfónico
Fecha: 1829-1832


Descripción:
Por su vigésimo cumpleaños y por consejo de su padre, Mendelssohn viajó a Gran Bretaña en abril de 1829 realizando una serie de conciertos promocionales que fueron muy bien acogido por el público inglés, amantes de su música virtuosa y elegante. En julio de ese mismo año parte hacia Escocia, donde conoce al escritor Walter Scott. Escocia fascina sobremanera a Mendelssohn inspirándole para la composición de su Sinfonía nº 3 "escocesa" que terminaría trece años más tarde. En los numerosos escritos que realizó mientras se alojaba allí comentó el paisaje brumoso, las nieblas y sombras que inundaban todo hasta la desolación. Allí también oyó historias sobre una famosa "cueva musical" situada en una isla cercana. El 7 de agosto, junto con su amigo, el escritor Karl Klingemann, Mendelssohn visitó un archipiélago, llamado Las Hébridas, situado en la costa oeste formado por más de 500 islas en busca de esa cueva; cuando llegó a la isla de Staffa,  su imponente "Gruta de Fingal" lo sobrecogió.

Cuando Mendelssohn visitó el archipiélago, una melodía se dibujó en su mente. Melodía que enviaría por carta a su hermana Fanny con el siguiente texto: "Para lograr que comprendas hasta qué punto me han afectado las Hébridas, te envio lo siguiente, que vino a mi cabeza allí."




Al día siguiente, visitó la conocida Gruta de Fingal que, en tiempos de Mendelssohn, era un cueva marina de basalto de 11 metros de altura y 60 de profundidad (en la actualidad tiene 20 de alto y 82 de profundidad). Su techo abovedado, el movimiento de las olas chocando contra sus paredes y el eco,  generaban melodía mágicas en esa catedral natural. Mendelssohn quedó fascinado con su visión y los sonidos sobrecogedores y esa melodía que había compuesto cobró mayor sentido. La melodía, de 21 compases, fue escrita en formato pianístico y sería ésta la melodía germen con la que Mendelssohn compondría su famosa Obertura de Las Hébridas.



En el invierno de 1830, en Roma, Mendelssohn terminó la partitura titulada en un primer momento "La isla solitaria". Esta composición tenía mucho contrapunto, no sonaba tal como el compositor la imaginaba, por lo que fue simplificada en una segunda versión más ágil en 1832 donde primaba más la insinuación que la evidencia. De propias palabras de Mendelssohn, "la obra debía volar, tener mar y gaviotas". La versión definitiva recibió el nuevo nombre de "Las Hébridas" y el subtitulo de "La Gruta de Fingal" y se estrenó ese mismo año en Londres en un concierto dirigido por él mismo y donde también se estreno la obertura de "El sueño de una noche de verano".

Esta obra supone un avance dentro del género musical por dos motivos. Es de los primeros poemas sinfónicos, es decir, música que evoca algo extra-musical, en este caso, el paisaje escocés de Las Hébridas tratando de crear una atmósfera capaz de trasladar al oyente las mismas sensaciones experimentadas allí por el compositor. Como dice el musicólogo Marc Vignal  "Es el primer gran cuadro marino de la música romántica". El otro motivo es que con esta obra, Mendelssohn iniciará la moda de llamar obertura a obras que en realidad no son preludios de ninguna obra mayor, consagrando este género como un ente independiente.


A continuación analizaremos la obra pero primero diremos que, está escrita para una orquesta clásica tradicional y es un Allegro en forma sonata. Recordamos pues: Una exposición donde se nos presentarán dos temas (el primero de ellos, el compuesto por Menldessohn en el propio archipiélago), un desarrollo, una reexposición de los temas y una coda final. Por último, para ilustrar las partes en las que se divide la obra utilizaremos la transcripción de la pieza para piano.


Exposición:



La obra empieza con el conocido como, tema de la soledad, y que representa el desolador paisaje gris escocés. El tema es oscuro y misterioso, empieza dado por los violonchelos, violas y fagotes y se presenta como una melodía difusa, como la niebla escocesa y que pretende evocar lo sobrecogedor del interior de la gruta. El motivo de este primer tema en realidad se basa en la unión de dos submotivos: El intervalo descendente de terceras y el floreo (intervalo de segunda).




El motivo del intervalo de terceras (descendente o ascendente) se convertirá en el núcleo que vertebre toda la obra. De hecho, los primeros ocho compases, mientras suena el motivo A trasportándose por terceras ascendentes, la secuencia de acordes que se produce en el bajo es: Sim-Re-Fa#m, también terceras, y es que el acompañamiento siguiendo este esquema, será muy recurrente durante toda la obra. El floreo también será el otro gran elemento que servirá de acompañamiento, tanto como trinos de acordes de segunda como también, de nuevo, en intervalos de tercera. Dicho esto os dejo con el Tema A completo.



Con  una pequeña transición generada a partir del tema primero llegamos al Tema B. Curiosamente, esta melodía se inicia con un intervalo de tercera descendente, de nuevo. La melodía, más calmada, dibuja una serie de figuras sinusoidales que recuerdan al vaivén de las olas. Como un barco azotado por el mar o el propio ritmo que el océano genera al chocar contra las paredes interiores de la gruta. El acompañamiento está formado por violines que generan un titntineo juguetón a base de intervalos de tercera generalmente (recuperación del floreo) y que puede recordar a esas gaviotas de las que hablaba Mendelssohn, revoloteando por encima de las olas.







La coda de la exposición se realiza sobre el Tema A pero esta vez con un carácter mas majestuoso y triunfal. Una fanfarria como preludio del desarrollo puede expresar ese sentimiento de júbilo ante la grandeza del paisaje.




Desarrollo:
En el desarrollo, el Tema A sigue siendo el protagonista. Esta sección se puede entender como un eco, una imagen distorsionada de los temas que forman la obertura. Es quizás cuando la niebla es más densa en el interior de la gruta. Las formas no están definidas, se intuyen, el eco nos trae ruidos desde todas direcciones. Aunque estos efectos no se aprecien mucho en la transcripción para piano lo podréis entender al final, en la versión original para orquesta. El desarrollo se puede estructurar a su vez en cuatro partes: 
-La primera parte está formado por exclamaciones de los vientos intercaladas con el tema A, como un eco en las cuerdas. Pueden ser las sirenas de los barcos, sus rugidos de vapor, ocultos en la neblina.
-La segunda parte, muy breve, recupera el Tema B recordando la tranquilidad del mar.
-La tercera parte de nuevo retoma el Tema A pero sometiéndolo a crescendos y decrecendos progresivos que  llenan de dramatismo la escena, de nuevo, evocando la desolación.
-La cuarta es una variación del Tema A pero más juguetona. El motivo A se convierte en una célula rítmica bailarina que crece hasta hacerse enorme y violento para dar la entrada a la reexposición. El barco se traquetea sobre un mar que empieza a cobrar fuerza entre las rocas escarpadas, ¿un torbellino?¿una corriente violenta?...




Reexposición:
La reexposición es bastante conservadora y tradicional, es de menor duración que la exposición ya que Mendelssohn prescinde de los adornos y melodías secundarias y recupera los temas en su forma más básica y mansa. Esta tranquilidad inusitada es muy intencionada, interpretándose  como la "calma intranquila" que precede a la tempestad.




Y esa tempestad como no, es la gran coda final que comienza con una melodía muy juguetona y burlona que parece nueva. Pues he aquí el gran engaño de la obra, quizás inspirado en el juego ilusorio de la niebla, el gran tema principal se rompe en sus dos submotivos. Una melodía que juega con los intervalos de tercera mientras le acompaña el floreo en intervalos de segunda. El viento tempestuoso ha arrastrado la neblina y por fin todo se ve claro, por fin Mendelssohn revela el código original, indivisible, que ha regido la obra. Después de esto comienza un desarrollo final del tema A con gran violencia y energía, el mar embravecido arrasa con todo, suenan los truenos, el viento sopla con fuerza y la lluvia cae con virulencia en el cielo gris de Escocia mientras la gruta se inunda bajo el poder del mar. Finalmente todo pasa, las aguas vuelven a su cauce y un rayo de sol, asoma por una nube...




La Obertura de las Hébridas es una de las grandes obras maestras de Mendelssohn, una obra muy madura y genial teniendo en cuenta la temprana edad de su autor (23 años). Incluso Wagner, que era un reconocidísimo anti mendelssoniano, no puedo dejar de alabar la genialidad de la obra. Os dejo la obra completa a piano para cuatro manos y como no, obra original en su formato orquestal con la que podréis experimentar todo el poder de Las Hébridas.




Obertura de "Las Hébridas" (La Gruta de Fingal) - F. Mendelssohn





4 comentarios:

  1. En primer lugar gracias por compartir tu detallado análisis y comentario, me parece muy interesante. Pero hay una afirmación que no entiendo al inicio del texto, me refiero a cuando hablas de que Mendelssohnn es el que pone de moda la obertura como género independiente; pero ya Beethoven escribe numerosas oberturas de este tipo, no?
    Un saludo

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  2. Pues sí que es cierto que Beethoven compuso varias oberturas: Egmont, Coriolano, Las Criaturas de Prometeo,... pero todas ellas o eran oberturas para un drama incidental o para un ballet, o para su propia ópera Fidelio. O sea, estas obras se crearon como inicio de otra obra mayor (El propio concepto de obertura), pero no como obras independientes, aunque en la actualidad se representen así.

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  3. ¡Muy bueno! Saludos desde Venezuela.

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  4. Musica profundamente evocativa. Mar profundo, olas furiosas contra las inmensas rocas y esa musica tambien profunda y evocativa que penetra como un bisturi hasta lo mas profundo del alma !!

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